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domingo, 1 de marzo de 2020

El alma encerrada

Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional
Interpretes: 
Orquesta Nacional de España
Director: 
David Afkham 
Solista
Vilde Frang, violín

Programa:

Edward Elgar (1857-1934)
Concierto para violín en si menor, opus 61
I. Allegro
II. Andante
III. Allegro molto

Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor, opus 97, «Renana»
I. Lebhaft
II. Scherzo: Sehr mäßig
III. Nicht schnell
IV. Feierlich
V. Lebhaft


Información adicional:

La afición del compositor Edward Elgar (1857-1934) por los rompecabezas, los juegos de palabras y los criptogramas, es bien conocida: el código Dorabella, las Variaciones enigma o el Allegretto Gedge son algunos ejemplos. Amigo de intrigas, sus cartas y partituras son portadoras de misteriosos mensajes que se protegen con anagramas y cifrados. Los anotaba también en programas de mano como este, para escamotear su opinión a lectores inconvenientes. El 10 de abril de 1886, el compositor asistió a un concierto en el Crystal Palace en honor a Franz Liszt, allí presente. Elgar anotó en su programa Hysterious, un precioso acrónimo derivado de las palabras histeria y misterioso. Para firmar sus telegramas y sus mensajes en código Morse, usaba el palíndromo Siromoris, la suma de Sir y de Orden del Mérito (O.M.), honor que le fue concedido en 1911, pocos meses después del triunfal estreno de su concierto para violín. 

Evidentemente, Elgar también gustaba de resolver acertijos. En su primera biografía, publicada por Robert Buckley en 1905, describe cómo entretenía los largos viajes en tren con jeroglíficos y juegos de ingenio. Fue precisamente en uno de esos trenes donde Elgar resolvió el supuestamente indescifrable criptograma de John Holt Schooling, publicado en 1896 en The Pall Mall Magazine. El compositor estaba tan satisfecho que pintó la solución en una caja de madera actualmente expuesta en el museo instalado en su casa natal, en Worcestershire.

Esta singular inclinación nos interesa porque también el concierto para violín y orquesta que ahora escucharemos guarda un secreto. En el encabezamiento de la partitura, el compositor escribió una misteriosa frase en un castellano perfecto: «Aquí está encerrada el alma de…». La cita fue extraída del prólogo de una novela picaresca firmada por Alain René Lesage (1668-1747) publicada en París en 1736. El título original es Le Bachelier de Salamanca ou les mémories de Don Chérubin de la Ronda tirées d’un manuscrit espagnol (El bachiller de Salamanca o las memorias de Don Querubín de Ronda tomadas de un manuscrito español). La frase completa dice así «Dos estudiantes que yendo a Salamanca encontraron aquella lápida en que estaban esculpidas estas palabras: aquí está encerrada el alma del licenciado Pedro García».

Nada sabemos de la traducción al español que pudo leer Elgar ni de por qué eligió esta y no la original francesa. Y nada seguro sabemos tampoco sobre quién pudiese ser el dueño del alma que encierra este concierto, ¿el del propio compositor?, ¿el de Lady Alice Stuart Wortley….? Sólo podemos aventurar conjeturas y suposiciones. Ese alma encerrada, ese fantasma, sea de quien sea, será otro de los misterios eternos que habitan la música de Sir Edward Elgar.

Edward Elgar. Concierto para violín en si menor, opus 61

Edward Elgar ya estaba trabajando sobre la partitura de un concierto para violín (las primeras anotaciones se remontan a 1905) cuando recibió un encargo de la Royal Phlilarmonic Society de Londres en 1909. De ahí las circunstancias de su presentación oficial: el Concierto para violín y orquesta en si menor, opus 61 se estrenó el 10 de noviembre de 1910 en el Queen’s Hall de Londres para abrir la 99ª temporada de la Royal Philarmonic Society. El propio compositor dirigió aquel estreno; el solista fue Fritz Kreisler, dedicatario de la partitura, publicada por la editorial Novello & Co en Londres ese mismo año.

Existe un documento sonoro imprescindible para aproximarse a esta obra: la grabación que el sello His Master’s Voice registró en sus estudios de Abbey Road los días 14 y 15 de julio del año 1932, con la London Symphony Orchestra dirigida por el compositor y con un joven Yehudi Menuhin al violín, una de las grandes ediciones discográficas de siglo XX. Igualmente interesante es la grabación, esta publicada en 2010 por el sello RCA, de la Staatskapelle Dresden dirigida por Sir Colin Davis y con el violinista Nikolaj Znaider tocando el maravilloso violín Guarneri del Gesú de 1741 que Fritz Kreisler utilizó en 1910 la tarde del estreno.

Ya sobre la partitura, lo primero que advertimos es que este concierto, desde cualquier punto de vista —estructural, técnico, expresivo— es monumental. Dada su extensión, excepcional en la historia del género, su interpretación es una auténtica prueba de resistencia para el solista. La arquitectura formal se adhiere al canon, tres movimientos que contrastan en tempo, carácter, y estilo. Para articular la partitura y dotarla de continuidad, el compositor integra secciones que se relacionan gracias a los materiales temáticos, aportando la necesaria coherencia narrativa frente a las continuas fluctuaciones de tempo que caracterizan la música de Elgar.

El primer movimiento, Allegro, se abre con una introducción orquestal que presenta parte de los temas (nada menos que cinco) que serán desarrollados a continuación, viajando a través de varias tonalidades y figuraciones. El violín elabora estos cantos, particularmente el segundo, que ha aparecido brevemente en la introducción y que se transforma en la parte solista en el tema Windflower, de una belleza poética excepcional.
Sobre el Andante, pleno de lirismo y serenidad, Elgar anotó que describía «la fusión de dos almas, una en la otra», y así parece en verdad: el movimiento desarrolla dos melancólicos temas que deben interpretarse, indica el compositor, nobilmente. Tanto apreciaba esta música, que según recogen algunos testimonios, pretendía grabarla en su lápida. ¿Es aquí, pues, bajo las notas de este hermoso Andante, donde debemos buscar el alma encerrada de….? 
El tercer movimiento, Allegro molto, es el más exigente a nivel técnico por velocidad, potencia, y carga expresiva. Rápidas progresiones ascendentes formadas por endiablados cinquillos, desembocan en una cadenza acompañada que podría considerarse un cuarto movimiento. Aquí, Elgar presenta un nuevo efecto de cuerda, un pizzicato-trémolo que debe ejecutarse con la yema de los dedos, propiciando atmósfera espectral. 

Robert Schumann. Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor, opus 97, «Renana»
En 1850 Robert Schumann (1810-1856) y su familia se instalaban en Düsseldorf. El compositor era el nuevo director de música del municipio, trabajo que había dejado vacante su amigo Ferdinand Hiller. Las obligaciones del cargo eran muchas, pero Schumann encontró tiempo para componer, para tener otros dos hijos, conocer al joven Brahms, y disfrutar de los verdes paisajes de las tierras del Rin, Das Rheinland. Así las cosas, poco después de su llegada a la ciudad, había terminado su tercera sinfonía. El estreno tuvo lugar el 6 de febrero de1851 en Düsseldorf bajo la dirección del compositor. Fritz Simrock publicó la partitura ese mismo año con el título de Sinfonía Renana.

El carácter programático de la obra resulta evidente incluso en su arquitectura formal: esta sinfonía es la única de las compuestas por Schumann que tiene cinco movimientos, lo que nos dirige directamente al Beethoven de la Sinfonía Pastoral, una referencia que Schumann admiraba profundamente y en la que se mira para escribir su propia égloga musical. En realidad, el compositor no había elaborado y guión o programa específico para su partitura, pero una vez finalizado el trabajo, había enviado a su editor una carta en la que comentaba detalles del trabajo y algunas indicaciones sobre los motivos que le habían inspirado «la obra evoca aquí y allá algunos aspectos de la vida en Renania» decía. Y en el segundo movimiento había anotado «Amanecer sobre el Rin». Los cinco movimientos se suceden así: 1º- Lebhaft (Vivo). 2º- Scherzo: Sehr mäßig (Moderado). 3º- Nicht schnell (sin prisa). 4º- Feierlich (Solemne). 5º- Lebhaft (Vivo).

El primer tiempo, enérgico y fogoso, se abre con un intervalo de cuarta que caracteriza y otorga coherencia a toda la sinfonía, dotando a la partitura de un perfil melódico que facilita su comprensión. El Scherzo, es un Ländler, una danza festiva en tres tiempos, de aire popular y muy próxima al vals, que aquí cantan cuerdas y maderas en una estampa bucólica acentuada por el pizzicato de la sección central. Le sigue el Andante, un elegante y ligero intermedio para lucimiento del viento madera cuya verdadera función es preparar al oyente para el cuarto movimiento, que Simrock publicó bajo el epígrafe Feierlich (Solemne). Schumann anotó en su encabezamiento una frase: Im Charakter der Begleitung einer feierlichen Ceremonie (A la manera del acompañamiento de una ceremonia solemne). Y así es: el coral de los trombones y el empleo de texturas contrapuntísticas dotan al movimiento de un color que evoca las músicas de un pasado barroco y eclesial. El conjunto resulta solemne, sí, y establece el carácter ceremonial de la música. El último tiempo, que comparte indicativo con el primero, Lebhaft, recupera la dinámica enérgica del movimiento inicial. En la coda, Schumann recoge varios de los temas expuestos, buscando afirmar la unidad de la partitura, que se cierra triunfal, plena de confianza y vigor.

Al escuchar esta hermosa sinfonía, no percibimos nada oscuro en su música, nada siniestro; pero Clara Schumann cuenta en su diario que incluso en aquellos primeros días en Düsseldorf que parecían casi felices, Schumann se pasaba las noches llorando en sueños, el alma encerrada en vida bajo la lápida de la locura.

Inés Mogollón

domingo, 15 de diciembre de 2019

Dios Padre y el Amor Redentor

Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional. 
Intérpretes: Orquesta Nacional de España
Director: Antonio Méndez
Solistas: 
Anthony Marwood, violín
Jean-Guihen Queyras, violonchelo
Alexander Melnikov, piano 

Programa:

Ludwig van Beethoven (1770–1827)
I. Allegro
II. Largo
III. Rondo alla polacca

Gustav Mahler (1860–1911)
I. Trauermarsch. In gemessenem Schritt. Streng. Wie ein Kondukt.
II. Stürmisch bewegt. Mit grösster Vehemenz
III. Scherzo. Kräftig, nicht zu schnell.
IV. Adagietto. Sehr langsam - Attaca.
V. Rondo – Finale. Allegro – Allegro giocoso. Frisch.


Información adicional:
 
CREAR CAMINO

«Sólo el arte me sostuvo»
1802 supuso un antes y un después para Beethoven. El compositor en sí mismo supuso un antes y un después para la música y para todos, pero ese año vino a significar, de alguna manera, la concreción de un camino ya sin retorno hacia el Romanticismo. Ante el dolor y la desesperación de una sordera que cada día iba a más, se despide de la vida y sus hermanos con el conocido Testamento de Heiligenstadt. Como si fuese un bolero: Ansiedad, angustia y desesperación… de un genio absoluto. Un texto profuso en sentimientos, en dolor y amargura, regado con frases lapidarias: «Hubiera puesto fin a mi vida – Sólo el arte me sostuvo». «Me parecía imposible dejar el mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir y así soporté esta existencia miserable».

Como respuesta a esta crisis, Beethoven, del que ahora celebraremos 250 años de su nacimiento, entró en un glorioso periodo compositivo (en realidad desde su primer opus hasta el último). Entre la primavera y el otoño de 1804 escribió el Triple concierto para piano, violín y violonchelo en do mayor, obra que podría haber significado el culmen de cualquier compositor de su época, si no fuera porque precisamente estamos hablando de Beethoven. En torno a ese mismo espacio de tiempo, el músico de Bonn terminó su Tercera sinfonía «Heroica» (Napoleón ganando un imperio y perdiendo una sinfonía, ya saben), su única ópera: Leonora-Fidelio y tres sonatas para piano, entre las que se encuentran Appassionata y Waldstein. Lo cierto es que el Triple es único en su género y, al mismo tiempo, germen. Hasta el momento de su estreno, no encontramos un concierto que conceda a tres instrumentos una entidad solista plena. Una vez más, nos hallamos ante la (r)evolución de una tradición, como pudieran ser los concerti grossi barrocos o las concertantes de Haydn y Mozart (patrones irrenunciables). La llegada a un nuevo puerto, un nuevo paradigma, un nuevo ciprés a cuya sombra inspirarnos después. Ya simplemente en coordenadas más actuales, podemos escuchar obras de Bartók, Martinů, Casella, Ligeti, Gubaidulina o Penderecki que, cada una a su manera, reciben el influjo de la rúbrica beethoviana y este Triple como telón de fondo.

Probablemente como resultado de la literatura posterior, durante mucho tiempo se ha tenido por cierto que el Triple se compuso para el archiduque Rudolph (a él dedicaría Beethoven esa maravilla de Trío para piano, opus 97, o su Cuarto y Quinto conciertos para piano). Alumno del compositor e hijo del Emperador, se dice que por ello la parte para el teclado es más «cómoda» que la de los otros dos solistas. Sea como fuere, la música aquí se desvela, se erige como el titán beethoviano que es: con una pizca de solemnidad, con una buena pátina de heroicidad y mucha, mucha humanidad (la evocación del ideal humano al menos, quiero decir). Es dramático y, en su sutileza, grandioso: desde las profundidades de la cuerda grave, la orquesta despierta. La sensación de una formación que avanza hacia nosotros y nos envuelve, en una larga exposición, hasta alcanzar un decisivo tutti, es inevitable. Se presenta entonces el violonchelo solista (quien llevará las riendas durante todo el concierto), repitiendo el primer tema y uniéndose al violín para, juntos, llamar la atención del piano. Sin duda, estamos ante una de las mayores músicas de cámara que podamos escuchar.

El segundo tiempo es un Largo especialmente breve, introducido por el violonchelo en su registro más agudo y efectivamente, con una muy camerística participación del piano y el violín; con un delicioso, también dramático, dibujo de texturas. El tercer movimiento, unido al anterior en attaca, esto es, sin interrupción, es un Rondo alla polacca (o polonesa, de carácter festivo y muy extendida por Europa en el 1800), de nuevo guiado por el violonchelo, mientras que, aquí también, el violín disfruta del material del chelo y el piano parece permanecer en un discreto segundo plano.

«Nadie la ha entendido».
Si para Mahler cada composición suponía la creación de un mundo, ese mundo que no le comprendía —«nadie la ha entendido (su Quinta sinfonía). Querría estrenarla dentro de 50 años»—, esta partitura, como la concepción de cualquier universo imaginativo, surgiría a través de la lucha de opuestos, de contrastes, de confrontaciones. Nada hay más significativo en la obra sinfónica de Mahler que el acercamiento de extremos. Su exposición al menos. Esperanza y negación, creación y destrucción. He aquí un viaje a la inversa, desde la muerte, tal y como también comenzó su Segunda sinfonía, pero esta vez hacia un final diferente: la vida, con el amor como catarsis y que supuso para Mahler el comienzo de una nueva etapa compositiva, un período medio en el que abandonar el influjo onírico y programático de sus primeras sinfonías. Una forma diferente de componer, una forma diferente de sentir. También nosotros.

Curiosa y significativamente todo arranca con una secuencia de cuatro notas, tres corcheas y blanca, ya escuchadas a modo de destino en el inicio de otra Quinta sinfonía, la de Beethoven (maravilla este programa que les une), de influjo siempre tan poderoso... ¡Oh paradigmas! Se desarrolla aquí una Marcha fúnebre (Trauersmarch) a modo de introducción. Las trompetas iniciales llaman pues a un destino inevitable al que pronto se suman la cuerda y la percusión a modo elegíaco, dando comienzo la elegante y depresiva marcha en las cuerdas mientras intervienen los dos temas, creando el comentado juego de contrastes hasta que la tensión generada con los insistentes regresos de las cuatro notas deriva en el segundo movimiento: Stürmisch bewegt, mit größter Vehemenz. Vívido, enérgico, atormentado, rompe con la quietud del primero hasta alcanzar el momento álgido de la confrontación con una violenta coral en los metales hasta que todo el sonido acaba disolviéndose sin encontrar resolución posible.

Con tal inquietud generada dentro de nosotros, alcanzamos el tercer movimiento, un scherzo hiperlaxo, cuyo contraste con lo escuchado hasta ahora agudiza la sensación de desconcierto, dejándonos con una impresión de salto al vacío, como si quedáramos de alguna manera suspendidos en el aire, una sensación parecida a la que ha de producir el ritardando en la llamada de las trompas que lo abre, introduciéndonos rápidamente a través de la cuerda en los ritmos de valses vieneses y ländlers austríacos, que pronto adquieren el inevitable poso de suspicacia mahleriana. Somos caminantes friedrichianos sobre un mar de inquietas, apesadumbradas nubes.

Y tras el contraste, el amor en forma de Adagietto para cuerda y arpa. Aquel que Visconti inmortalizara en su Muerte en Venecia y que el compositor dedicó a su venerada Alma como muestra de su amor. Al finalizar 1901, tras atravesar Mahler una de sus peores rachas de salud y componer los tres primeros movimientos de esta sinfonía, de una estética derrotista, lúgubre, nada hacía prever que el compositor terminaría completándola en un abrazo a la vida, a través de la luz y el amor. Y es que no hay nada como casarse con la mujer que amas, al menos en la mente de un hombre como él a principios del siglo XX, para reestructurar el cauce de la composición que tenía en mente. Es el Mahler quizá más luminoso, desde luego el más lírico y menos neurótico; una exaltación de la vida que la tradición y la refocilación de algunas batutas han estirado y estirado por más que el compositor apuntase «Sehr langsam» (muy lento) en sus notas iniciales. Más molto, ritardando, espressivo, pianissimo y crescendo, casi nada.

Y al llegar el final, el hombre se redime en una exaltación de la vida. Un Mahler aristotélico que ha hallado el punto medio que conduce al hombre a la virtud tras todo el paseo de extremos contrapuestos iniciales, rematado ahora sí con conclusivo final por la coral en los metales que no encontró solución dos movimientos atrás. Este es el Mahler del amor y sus contrastes.

Dos músicos ante el destino, abriendo, creando caminos propios, transformando la tradición en nuevos horizontes. Mahler recogiendo de la siembra beethoviana. La cosecha sinfónica y la camerística casi a partes iguales, me atrevería a decir. El uno «descubriéndonos» el abismo del Romanticismo, el otro «redescubriéndonoslo». Ambos agarrándonos de la chaqueta mientras miramos, ya de puntillas y en el borde, hacia aquella profundidad que, como Poe relataba, más deseamos cuanto más miramos… o escuchamos. Dos almas atormentadas, hurgándonos en lo más hondo y propio de nosotros mismos, mientras experimentaban un dolor personal… del que sólo el amor (en Beethoven ni eso, me atrevería a decir) y la música consiguieron salvarles: locura, redención, paroxismo y al fin… paradigmas.

Gonzalo Lahoz, Crítico musical

domingo, 27 de octubre de 2019

Descubre... Scheherezade

Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional. Sala de Cámara
Intérpretes: Orquesta Nacional de España
Dirección: Simone Young
Presentación didáctica: Eva Sandoval (Radio Clásica. RTVE)

Programa:


Nikolai Rimsky-Korsakov (1844-1908)

I. Море и Синдбадов корабль
(El mar y el barco de Simbad)

II. Рассказ царевича Календера
(La leyenda del príncipe Kalendar)

III. Царевич и царевна
(El joven príncipe y la joven princesa)

IV. Багдадский праздник. Море. Корабль разбивается о скалу с медным всадником
(Festival en Bagdad. El mar. El barco se estrella contra un acantilado coronado por un guerrero de bronce)

Información adicional:

Una fantasía musical 

«Es en Oriente donde debemos buscar el Romanticismo supremo», afirmaba el filósofo Friedrich Schlegel en 1800. Y allí lo encontró el compositor Nikolai Rimsky-Korsakov (1844-1908), quien, además de sentirse fuertemente atraído por el folklore ruso, escribió distintas piezas inspiradas en Oriente, como su suite sinfónica Scheherezade. Para concebir la partitura se dejó seducir por el mundo mágico de las mezquitas, los turbantes, los genios y las lámparas maravillosas de Las mil y una noches. La estrategia narrativa de esta famosa recopilación medieval de cuentos tradicionales en lengua árabe le conquistó. Así lo cuenta en el prefacio de la partitura:
«El sultán Shahriar, persuadido de la perfidia y la infidelidad de las mujeres, jura matar a cada una de sus esposas después de pasar con ellas la primera noche. Pero la sultana Scheherezade logra salvar su vida cautivándole con las historias que le cuenta durante mil y una noches seguidas. Azuzado por su curiosidad, el sultán va demorando de día en día la ejecución de su mujer y acaba por renunciar a ella definitivamente. Scheherezade le cuenta muchas maravillas, citando los versos de los poetas y los textos de las canciones, uniendo las historias unas a otras».

Los títulos descriptivos originales de las cuatro secciones de la composición fueron finalmente rechazados por el propio Rimsky-Korsakov, tal y como explica en su autobiografía Crónicas de mi vida musical:
«Suprimí las indicaciones que figuraban en cada parte, pues con ellas sólo me proponía encauzar la fantasía del oyente y marcarle la ruta que siguió la mía, dejando así libertad a las concepciones particulares de la voluntad y el estado de ánimo de cada individuo. Me propuse que si al oyente le gustaba mi obra sinfónica experimentase la impresión de una narración oriental sobre numerosos y variados cuentos fantásticos, y no solamente cuatro piezas que se suceden sin variedad en el material temático».

El discurso directo y lineal de Rimsky-Korsakov nos permite especular con la caracterización sonora de los principales elementos y personajes de los cuentos. En El mar y el barco de Simbad se presentan musicalmente los dos protagonistas de la historia. El diseño inicial al unísono simboliza la temible y tiránica voz del sultán. Scheherezade le responde con el dulce timbre del violín solista que interpreta una melodía sinuosamente ornamentada. Ambos temas aparecen de forma recurrente en toda la obra, como si se tratara de las «voces en off» de una película. Después, el autor, gran amante del mar, recreó en esta primera sección un océano a través de las olas de arpegios en las cuerdas sobre las que viaja el motivo del barco de Simbad que desata una airada tormenta sinfónica.

En La leyenda del príncipe Kalendar el compositor juega con un caprichoso tema que presenta el fagot y que se identifica con el príncipe. Este personaje, sometido a diversos juegos tímbricos hilvanados por la destreza orquestal del ruso, librará una feroz batalla. El joven príncipe y la joven princesa nos ofrecen una tierna y juguetona escena de amor entre la cantinela dulce de las cuerdas y las vertiginosas escalas de la sección de viento-madera. Y en el delirante Festival en Bagdad. El mar. El barco se estrella contra un acantilado coronado por un guerrero de bronce asistimos a una gran fiesta catártica del tutti orquestal. Por sorpresa, nos situamos de nuevo en el mar para vivir la última aventura de Simbad, que concluye de forma trágica en un explosivo clímax. Afortunadamente, tras mil y una noches de cuentos, el sultán se transforma en un motivo musical cálido y sumiso vencido por la ingeniosa voz femenina de su última esposa.

Eva Sandoval

sábado, 27 de septiembre de 2014

Bruch / Dvorak

Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional
Interpretes: 
Orquesta Nacional de España
Director: 
Miguel Harth-Bedoya 
Solista
Anne-Sophie Mutter, violín

Programa:


Bernat Vivancos (1973)
Bach im Himmel (Bach en el cielo)

Max Bruch (1838-1920)
  • I. Vorspiel: Allegro moderato
  • II. Adagio 
  • III. Finale: Allegro energico

Antonin Dvorak (1841-1904)
  • I. Adagio–Allegro molto
  • II. Largo
  • III. Molto vivace
  • IV. Allegro con fuoco
Información  adicional

Sobre Bach in Himmel

La idea sobre la que se construye Bach in Himmel consiste en tomar el Preludio en Do mayor de Bach modificando algunas armonías y acercándolas al modo menor. Muy pronto, el Preludio es repetido en canon por otros instrumentos, lo que produce un complejo efecto de estratificación armónica. Este edificio polifónico de sabor casi minimalista, confiado básicamente a dos pianos, dos arpas y dos vibráfonos, conforma un flujo sonoro continuo que recorre toda la pieza. Sobre ello, el compositor crea a lo largo de la partitura una suerte de melodía infinita que pasa por toda la orquesta.


Anne-Sophie Mutter

Desde hace ya más de 35 años Anne-Sophie Mutter es una de los grandes virtuosas del violín de nuestro tiempo. Nació en Rheinfelden (Baden, Alemania) y comenzó su carrera internacional en 1976, presentándose en el Festival de Lucerna. Un año después actuó como solista en el Festival de Salzburgo bajo la dirección de Herbert von Karajan. Además del repertorio violinístico tradicional, Mutter explora constantemente nuevo repertorio. Compositores como Sebastian Currier, Henri Dutilleux, Sofia Gubaidulina, Witold Lutoslawski, Norbert Moret, Krzysztof Penderecki, Sir André Previn y Wolfgang Rihm han compuesto obras para ella. Paralelamente a su carrera musical, también dedica su tiempo a varios proyectos benéficos y a la promoción de jóvenes músicos con un talento excepcional.


Miguel Harth-Bedoya 


En 2014 Miguel Harth-Bedoya ha celebrado 25 años de carrera como director de orquesta. Es Director Titular de la Orquesta Radio Noruega y de la Sinfónica de Fort Worth (Texas) y bajo su dirección, el nivel artístico de la Sinfónica de Fort Worth y su contribución a la vida cultural de su comunidad han crecido enormemente. Fiel a sus orígenes e inspirado por las antiguas melodías de la Ruta de los Incas, fundó los Caminos del Inca para interpretar y promover el rico legado musical de las Américas. Ha dirigido a las Sinfónicas de Atlanta, Chicago, Montreal, Boston, Filadelfia, Filarmónica de Los Ángeles, Toronto, y europeas como la London Philharmonic, Sinfónica de la BBC, Filarmónica de Múnich, Orquesta de París, Radio de Frankfurt, NDR de Hamburgo, Filarmónica de Helsinki, Nacional de España, Filarmónica de Dresde, Filarmónica Estocolmo, Nacional Danesa, Nacional Escocia y Suisse Romande, así como la Sinfónica de Sydney en la Gala del 40 Aniversario de la Opera de Sydney y Nacional de España en Omán y en el 25 Aniversario del Auditorio Nacional en Madrid.

Ha sido Director Titular de la Auckland Filarmonía, Sinfónica Eugene de Oregón, Filarmónica de Lima y Joven Sinfónica deNueva York. Fue Director Asociado de la Filarmónica de Los Ángeles y Asistente de la Filarmónica de Nueva York. Nacido en Perú, se graduó en la Juilliard School de Nueva York y es diplomado del Curtis de Filadelfia. Estudió con Seiji Ozawa, Gustav Meier y Otto-Werner Mueller.




viernes, 17 de enero de 2014

El órgano, gran instrumento sinfónico


Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional
Interpretes: 
Orquesta Nacional de España

Director:  Miguel Harth-Bedoya
Solistas:

Veronika Eberle, violín
Daniel Oyarzábal, órgano


Programa


Hector Berlioz (1803-1869)

Antonín  Dvorak (1841-1904)
  • Allegro ma non troppo
  • Adagio ma non troppo
  • Finale: Allegro giocoso ma non troppo

Camille Saint-Saëns (1835-1921)
  • I. Adagio – Allegro moderato – Poco adagio
  • II. Allegro moderato – Presto – Maestoso – Allegro

Información adicional


No es frecuente escuchar en una sala de conciertos obras como la Sinfonía núm. 3, en do menor, opus 78, «Con órgano» de Saint-Saëns, cuya maestría formal se ve realzada por la inusual presencia de este instrumento. Su particular sonoridad otorga al discurso orquestal una densidad y una monumentalidad tales que convierten su audición en una experiencia inolvidable. La obra, en la que el propio Saint-Saëns confesó haber dado «todo lo que podía dar», es uno de los grandes exponentes del sinfonismo francés que tendrá su precursor y héroe nacional en Berlioz, considerado además como el creador de la orquesta moderna por sus audacias tímbricas. El fugaz Carnaval romano, concebido como segunda obertura para su famosa ópera Benvenuto Cellini, demuestra ese talento y precede al Concierto para violín y orquesta de Dvořák, que descubrió un nuevo mundo a la vieja Europa y derramó inspiradas melodías de corte folclórico en obras de lo más diverso. 

Miguel Harth-Bedoya

En 2014 celebra sus 25 años de carrera como director de orquesta. Director de la Orquesta de Radio Noruega y de la Sinfónica de Fort Worth. Recientemente ha dirigido a las sinfónicas de Atlanta, Chicago, Boston, Filadelfia, Filarmónica de Los Ángeles, Toronto, Filarmónica de Helsinki, Nacional de España, Filarmónica de Dresde, Suisse Romande y Sinfónica de Sydney. 
Inspirado por las antiguas melodías de la Ruta de los Incas, fundó los Caminos del Inka para interpretar y promover el rico legado musical de las Américas. Bajo su dirección, el nivel artístico de la Sinfónica de Fort Worth y su contribución a la vida cultural de su comunidad han crecido enormemente. Además del aclamado debut en el Carnegie Hall de Nueva York en 2008, y de un CD con Juan Diego Flórez, la orquesta realizó dos grabaciones, una con obras de Chaikovski y otra de la obra Pedro y el lobo de Prokofiev con el actor Michael York. También ha grabado un CD con la Sinfónica de Chicago y Yo Yo Ma, nominado a los Grammy 2009. En 2011 salió el CD Nazareno para Deutsche Grammophon, con música de Golijov, con la Orquesta de Castilla y León y las pianistas Katia y Marielle Labèque. Su último CD Sur salió al mercado en 2013. También ha grabado Sentimiento latino para Decca, con Juan Diego Flórez y la Sinfónica de Fort Worth. Para Kultur grabó en DVD La Bohème de Puccini con la English National Opera en 2009. En 2013 dirigió los conciertos de celebración del Centenario de la Sinfónica de Fort Worth, dirigió a la Orquesta Nacional de España en Omán y en Madrid, en el Concierto XXV Aniversario del Auditorio Nacional. 
Ha sido director de la Auckland Filarmonía, Sinfónica Eugene de Oregón, Filarmónica de Lima y Joven Sinfónica de Nueva York. Fue director asociado de la Filarmónica de Los Ángeles y asistente de la Filarmónica de Nueva York. En España ha dirigido también a las sinfónicas de Galicia, RTVE, Tenerife y Castilla y León. Nacido en Perú, se graduó en la Juilliard School de Nueva York y es diplomado por el Curtis de Filadelfia. Estudió con Seiji Ozawa, Gustav Meier y Otto-Werner Mueller.


Veronika Eberle 

Se ha convertido en uno de los talentos más prometedores de Alemania de los últimos años. Su facilidad excepcional, equilibrio y madurez musical han sido reconocidos por las principales orquestas, festivales y salas, así como por los más destacados directores. El LA Times dijo de ella en octubre de 2012: La delicadeza de la interpretación de Eberle, contrastó memorablemente con su intenso virtuosismo. Entre sus próximos proyectos se incluyen su debut con la Orquesta del Concertgebouw 
(Holliges), Gewandhausorchester (Langrée), Seattle Symphony (Morlot), Sain Paul Chamber Orchestra (R. Abbado), Orquesta de la Ópera Nacional de París (Philippe Jordan), Scottish Chamber Orchestra (Ticciati), Musikkollegium Wintherthur (Hogwood), Filarmónica de Estrasburgo (Claus Peter Flor), así como una gira con la Orquesta Nacional d’Ile de France (Mazzola).
En el campo del recital, debutará en Roma y volverá a actuar en el Théâtre de la Ville de París y en el Wigmore Hall’s Master Series en Londres. Con anterioridad destacan sus actuaciones en el Carnegie Hall, en el Mozarteum, en la Herkulesaal de Múnich, en el Concertgebouw, en la Tonhalle de Zúrich y en el Festival de Lucerna. Veronika es actualmente una New Generation Artist de la BBC Radio, fue artista Junge Wilde del Konzerthaus de Dortmund y artista residente en el Festspiele Mecklenburg-Vorpommern, 2012. También se dedica a la música de cámara con colaboraciones con Lars Vogt, Renaud Capuçon, Antoine Tamestit, Shai Wosner y Danjulo Ishizaka.
Nació en 1988 en Donauwörth, Baviera, y a los 6 años, comenzó a estudiar violín con Thomas Rausch. Más tarde, con Olga Voitova en el Richard-Strauss-Konservatorium en Múnich y desde 2001, con Ana Chumachenco en la Hochschule. Sir Simon Rattle la presentó en el Festival de Pascua de Salzburgo de 2006, con un concierto de Beethoven con la Filarmónica de Berlín, hecho que supuso el despegue imparable de su carrera internacional. Con los años, Eberle ha contado con el apoyo de numerosas instituciones y ha recibido importantes premios. Toca un violín «Dragonetti» Stradivarius (1700), préstamo de The Nippon Music Foundation.

Daniel Oyarzábal

Mantiene en la actualidad una actividad profesional totalmente multidisciplinar, compaginando facetas artísticas tan diversas como su actividad de conciertos como solista de clave y órgano —su instrumento principal—, continuista, pianista de jazz, músico de estudio, arreglista y pedagogo. Asimismo presta especial interés por la nueva creación contemporánea estrenando en festivales internacionales obras de compositores en activo. En su labor pedagógica invierte mucho entusiasmo en fomentar entre los jóvenes la pasión por la música clásica y, desde hace siete años, trabaja en el desarrollo de su propio método de pedagogía musical para niños de cinco a diez años.
Estudió Piano y Percusión en los conservatorios de Vitoria y Bilbao, graduándose cum laude en las especialidades de Clave y Órgano. Realizó posteriormente estudios de perfeccionamiento en órgano, clave e instrumentos históricos en el Conservatorio Superior de Música de Viena, en el Real Conservatorio de La Haya, y en el Conservatorio de Ámsterdam. Ha sido galardonado en numerosas ocasiones: primer premio en el Concurso para Jóvenes Compositores de Álava (1985), premio especial de la Prensa en la Muestra Nacional para Jóvenes Intérpretes en Ibiza (1991), segundo premio en Lectura a Primera Vista y Lectura de Partituras de Orquesta en el Concurso Interconservatorios de Austria (1997), primer premio en Improvisación en el Concurso Internacional de Música de Roma (1998) y tercer premio en el XIX Concurso Internacional de Órgano de Nijmegen, Holanda (2002).
Participa en numerosos festivales internacionales, realizando conciertos por toda Europa, India, Filipinas, Marruecos, México y Japón. Colabora asiduamente con la Orquesta Nacional de España, es organista titular de la Catedral de Getafe, profesor de Órgano, Bajo Continuo e Improvisación en el Centro Superior de Enseñanza Musical Katarina Gurska y profesor del Grado en Composición de Músicas Contemporáneas de la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI-Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

domingo, 5 de enero de 2014

Melodías en Technicolor y en 3D


Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional
Interpretes: 
Orquesta Nacional de España

Director:  Frank Strobel


Programa



J. Williams (1932)



H. Shore  (1946)
Suite de El señor de los anillos: El retorno del rey; arreglo y orquestación de Robin Hoffman 

J. Newton Howard (1951)

H. Zimmer (1957)
Progenie – El trigo– La batalla 

J. Williams (1932)
 Música de películas de Harry Potter:
1. Tema de Hedwig de Harry Potter y la piedra filosofal 
2. Vals de la tía Marge de Harry Potter y el prisionero de Azkaban 
3. Nimbus 2000 de Harry Potter y la piedra filosofal 
4. El autobús nocturno de Harry Potter y el prisionero de Azkaban 

L. Schifrin (1932)
Tema de Misión Imposible (arr. de Calvin Custer)

R. Goodwin (1925-2003)

D. Arnold (1962) / M. Norman (1928)
Mi nombre es Bond... James Bond de Casino Royale (orquestación de Nicholas Dodd) 

Danny Elfman 
Tema y Vals de la muerte de Batman (orquestación original de Steve Bartek, versión de concierto de Christopher Bankey)

J. Newton Howard (1951)
El caballero oscuro, Suite de Batman Begins y El caballero oscuro 

D. Elfman (1953)
Tema y Danza sobre hielo de Eduardo Manostijeras 

K. Badelt (1967)

Información adicional

No son pocos los que sostienen que la mejor música que se compone hoy en día es la que se escribe para el cine y ciertamente nadie duda que John Williams en la actualidad y Erich Korngold en la edad de oro de Hollywood nos han regalado partituras mágicas que han qedado grabadas para siempre en la memoria colectiva. Por eso, en un gesto que se ha cnvertido en una tradición, la Orquesta Nacional de España rinde su particular homenaje a la música compuesta a mayor gloria del séptimo arte y lo hace poniéndose a las órdenes de Frank Strobel, uno de los directores que mayor y más notable actividad está desarrollando en repertorio tan peculiar. Director, arreglista, editor y productor de música cinematográfica, Strobel es un firme defensor de estas obras, que no tienen la presencia que debieran en las salas de conciertos. De la mano de su experta batuta, quienes desconozcan las respectivas películas tendrán la oportunidad de descubrir unas partituras deliciosas y aquellos que recuerden, entre otras imágenes, las inverosímiles acrobacias del capitán Blood, podrán oírlas con oídos nuevos.