domingo, 6 de octubre de 2019

Areva, una mujer de Numancia

Género: Teatro
Local: Auditorio Museo Arqueológico Nacional

Realización y producción: Jon Sarasti y María José Stefanía
Dramaturgia y dirección: Jon Sarasti
Producción y documentación: Maria José Stefanía
Ambientación sonora: Gonzalo Galiñanes
Escenografía y vestuario: Enrique Benito
Fotografía: Patricia Abascal
Interprete: Natalia Moya

Información adicional: 
Acción y recreación histórica cuya protagonista, Areva, es un personaje de ficción que se sitúa en la ciudad romana de Sagunto, en el año 123 a. C., diez años después de la conquista de Numancia por los Romanos. Su conmovedor relato transmite sus recuerdos sobre los acontecimientos históricos de un episodio concreto de la conquista romana: la guerra de Numancia.

El espectáculo teatral esta basado íntegramente en los datos obtenidos de investigaciones arqueológicas. El monólogo aprovecha la capacidad comunicativa de la narración en primera persona para acercar al espectador al momento histórico, consiguiendo que el verdadero protagonista sea la gente corriente que cuenta sus vivencias

Este episodio forma parte de un ciclo que ofrece un recorrido documentado y verosímil de la historia de España contado por sus propios protagonistas. Con él se da voz a personas que vivieron o pudieron vivir en momentos críticos y trascendentales de nuestra historia. 

Datos sobre el contexto histórico de la obra: 

Areva
Nombre de la protagonista del relato, nacida en 178 a.C. Toma su nombre de los arévacos, pueblo celtíbero de la meseta central que ofreció gran resistencia a la conquista romana. Una vez asolada Numancia, los sobrevivientes se convierten en botín del ejército romano y son trasladados a Roma para su exhibición como perdedores. Sin embargo, Areva no correrá esa suerte: por sus conocimientos de “contar, medir, calcular y leer en las monedas las letras de los iberos” será comprada como esclava a los centuriones romanos por un comerciante de la romanizada Sagunto.

Bílbilis
Ciudad prerromana, Bílbilis Itálica romana, actual Calatayud (Zaragoza).

Calagurris
Ciudad prerromana, Cala-gurris Iulia romana, actual Calahorra (La Rioja).

Cartago
Ciudad norteafricana de origen fenicio. Fue el escenario de la primera guerra púnica, en la que los cartagineses (púnicos) se enfrentaron a Roma por el control del Medite-rráneo. Durante la segunda guerra púnica (218 –202 a.C) la acción se traslada a la península Ibérica, fuente de suministros para el ejército del cartaginés Aníbal, que se había convertido en verdadera amenaza para Roma. En este marco cabe situar la llegada de elefantes a la Península, traídos por Aníbal. Tras la victoria sobre los cartagineses y una vez expulsados, los romanos deciden quedarse en la Península, que se convierte en Hispania, provincia del Imperio, pero su conquista será paulatina y no acabará hasta Augusto, en el año 29 a.C.

Moncayo
La sierra del Moncayo se haya ubicada en la cordillera Ibérica, a caballo entre las cuencas hidrográficas del Duero y del Ebro. La cumbre del Moncayo (2.315 m.) es su máxima cota. En la Antigüedad, estuvo poblada de bosques de robles y encinas, como los que rodeaban Numancia, según los textos clásicos, y que ofrecían un medio apto para el pastoreo y la cría de ganado, complemento de la dieta alimenticia de cereal de trigo y cebada de los celtíberos, a la que se añadían, además, los productos de la huerta. La explotación de las minas de hierro del Moncayo era otro elemento importante dentro de la economía celtibérica, lo que permitió el desarrollo de una manufactura siderúrgica.

Numancia
Ciudad celtíbera. En un principio habitada por los pelendones (también celtíberos) hasta su ocupación por los arévacos a principios del siglo II a.C. Tras su destrucción por los romanos en 133 a.C., fue ocupada de nuevo por los pelendones, aliados de los romanos.

Roma
Ciudad italiana fundada en el año 754 a.C., fue centro de un gran Imperio que duraría más de seis siglos. Aún hoy somos deudores de su cultura, una de las más fecundas de la Antigüedad. La resistencia al avance romano en la Península fue muy fuerte por parte de los celtíberos, lo que dio lugar a las denominadas guerras celtibéricas a partir del episodio de Segeda. Previamente, en los años 180-179 a.C, Sempronio Graco firmó un pacto con los celtíberos por el que éstos accedían a pagar impuestos, a no levantar nuevas ciudades y a suministrar tropas auxiliares a los romanos. En contrapartida, Graco distribuyó lotes de tierra asentando en ellas a familias celtíberas. Fueron años de paz en la región y los acuerdos alcanzados serían luego modelo a seguir por los indígenas en su relación con Roma, estos años son recordados con nostalgia por Areva.
A mediados del siglo II, sin embargo, la política del Senado romano cambió de manera notable. Roma precisaba cada vez con más intensidad apropiarse de tierras, minas, esclavos, tributos...
Eran tiempos de una fuerte crisis social en Italia y el Senado quería que ingentes cantidades de recursos afluyesen hacia la metrópoli. Ello motivó una fuerte acción militarista y expansionista en los distintos frentes del Mediterráneo. Roma precisaba de un pretexto que le permitiera ocupar la Celtiberia. La ciudad de Segeda, al fortificarse, se lo concedió.

Rubia
Planta de cuya raíz se obtenía un tinte de color rojo muy apreciado en la Antigüedad para teñir paños de lana.

Saguntum
Antigua Arse, ciudad aliada de los romanos en 219 a.C. y vencida por el general cartaginés Aníbal. Ahora, Areva vive aquí, es la esclava de un mercader y la ciudad ya está romanizada.

Sal marina
En la Antigüedad, la sal se empleada para la conservación de alimentos y era un elemento escaso y muy valorado, hasta el punto de que se empleaba como moneda. Los soldados romanos recibían una paga en granos de sal, origen de la palabra “salario”. Areva valora la sal marina por su mayor pureza y finura frente a la sal procedente de salinas del interior.

Segeda
Es la ciudad más importante de los belos, pueblo también celtíbero, situada cerca de Numancia; se rodeó de unos muros fuertes y obligó a los titos, otra tribu celtíbera limítrofe, a unírseles. El Senado les prohibió fortificarse, les reclamó los tributos estipulados en tiempos de Graco y les ordenó que proporcionaran las tropas acordadas. Ante la negativa de los belos, el Senado romano
consideró que tenía un adecuado pretexto para iniciar la guerra justamente. De esta forma, en el año 153 a.C., dieron comienzo las guerras celtibéricas y los habitantes de Segeda huyeron y se refugiaron en el territorio de los arévacos, como es recordado por Areva.
El día 23 de agosto, consagrado a Vulcano, las tropas romanas fueron vencidas por los celtíberos, registrando unas 6.000 bajas. Esa fecha fue considerada, en lo sucesivo y por ese motivo, día nefasto. Sin embargo, los restos del ejército invasor ya iniciaron, en ese mismo año, el cerco de Numancia.





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jueves, 3 de octubre de 2019

Infinity

Imagen ©Hugh Turvey para CNDM
Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interpretes: 
Tom Harrell, trompeta y fliscorno 
Mark Turner, saxo tenor
Charles Altura, guitarra
Ugonna Okegwo, contrabajo
Johnathan Blake, batería

Información adicional:
© Angela Harrell
La belleza como principio y fin

Vive en un universo poético propio, donde la belleza se manifiesta de manera singular y extrema. El trompetista que se diera a conocer en los años ochenta como miembro del quinteto de Phil Woods no sólo ha soñado su soplo con este aliento poético, sino que, desde entonces, cada una de sus aventuras está marcada por una emoción tan extraña como singular. Todo ello tiene justo refrendo en cada uno de sus testimonios discográficos, pero, como es un músico y un creador de verdad, todo se amplifica en los directos, donde convierte los conciertos en maravillosos encuentros con una música elevada, definitiva.

Cabizbajo, con los brazos extendidos en paralelo a su cuerpo, el venerable jazzista más bien parece un viejo profesor de universidad venido a menos, una suerte de metáfora musical del matemático John Forbes Nash que inspirara el libro y la película Una mente maravillosa. Hasta que coge su trompeta o el fliscorno y empieza a respirar todas sus fantasías musicales; ahí, entonces, el hombre se hace pequeño y el artista gigante, proyectando una sombra poética con efectos si no hipnóticos, sí sanadores. Y es que todos los conciertos de Harrell desembocan en el mismo sitio, ya sea tocando jazz por derecho o abriéndose a melodías de inspiración clásica o folclórica: en una felicidad extrema.

Acude este caballero tras el extraordinario Moving Picture de hace un par de años, manufacturado con ese pianista febril que es Danny Grissett: ahora su visita se produce en otro contexto instrumental, por más que igualmente sea pequeño, y otro apoyo discográfico, Infinity, publicado en marzo pasado y también dentro del catálogo inteligente del sello HighNote. Así, junto a Harrell, estará al frente un saxofonista especialmente amigo de la afición española, Mark Turner; completan la alineación el guitarrista Charles Altura, el contrabajista Ugonna Okegwo (que reemplaza en el directo a su homólogo Ben Street) y el baterista Johnathan Blake. El entendimiento entre todos ellos se produce siempre desde los costados de la belleza, pues hace tiempo que al trompetista no le interesa otra cosa; todo lo demás ya lo lleva en su pasaporte artístico.

Hay mucho poso postbop en el discurso reciente de Harrell, una piel musical que le sirve para construir puentes hacia esa hermosura sosegada y equilibrada, sorprendiendo en paralelo por la vitalidad y la frescura que adormecen en cada una de sus composiciones originales, ya que no es muy dado a las versiones. Y es que la suya es una energía alimentada por impulsos de mucha exclusividad, pocos jazzistas como él pueden presumir de una personalidad tan poderosa y sostenida en el tiempo. Y tan ajena a todo lo que no siente como cercano, como propio. Una actitud muy frecuentada por grandes caballeros del jazz, que, con independencia del eco de su nombre, marca cada uno de sus movimientos, con decidida indiferencia por lo previsible, lo fútil. Todo en él es de verdad.

Pablo Sanz

sábado, 22 de junio de 2019

¡Que vienen los rusos! Sinfónico III

Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional
Interpretes: 
Orquesta Sinfónica RTVE
Director: Josep Pons

Programa:

Piotr Ilich Tchaikovski (1840-1893)   
Suite del ballet El lago de los cisnes op 20a

1. Escena
2. Vals
5. Danza hungara (Czardas)


Ígor Stravinski (1882-1971) 
El pájaro de fuego, ballet suite

Introducción
Preludio y danza del pájaro de fuego
Variaciones
Pantomime I
Pas de deux
Pantomime II
Scherzo (Ronda de las princesas)
Pantomime III
Rondó
Danza Infernal
Canción de cuna
Final


Información adicional

El  20 de junio de 2019 el INAEM ha celebrado el Día de la Música colaborando con distintas entidades en la organización de conciertos y eventos musicales por toda España. Entre ellos una  nueva edición del maratón musical bienal ¡Solo Música!, organizado por una de las unidades del INAEM: el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). En el Auditorio Nacional de Madrid han sido más de 13 horas ininterrumpidas de música a precios populares. Bajo el título, ¡Que vienen los rusos!,y la batuta de  Josep Pons un programa con los mejores ballets rusos de Tchaikovski, Prokófiev, Shostakóvich, Stravinski, Borodin y Rimski-Kórsakov al frente de cinco orquestas diferentes: la Orquesta Sinfónica de Madrid, la Orquesta de la Comunidad de Madrid y la Orquesta Sinfónica RTVE, así como la Orquesta Nacional de España (ONE) y la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), ambas pertenecientes al INAEM. Además, sesiones de jazz vermut, retransmisiones en directo en pantalla gigante, una fanfarria a cargo de la JONDE y fuegos artificiales para clausurar este maratón al ritmo de la Música para los reales fuegos artificiales de Haendel.


Josep Pons

Nacido en 1957 en Puigreig, provincia de Barcelona, Josep Pons recibió su formación musical básica en la Escolanía de Montserrat. Más adelante, en Barcelona, realizó estudios de composición con Josep Soler i Sardà y de dirección con Antoni Ros-Marbà.

En 1985 fue cofundador de la Orquestra de Cambra Teatre Lliure en el marco de una institución de gran prestigio teatral como es el Teatre Lliure de Barcelona. Esta agrupación se especializó en el repertorio de música del siglo XX para orquesta de cámara; el conjunto adquirió un prestigio internacional con varias grabaciones de obras de Falla, Frederic Mompou, Isaac Albéniz, Robert Gerhard y Stravinski, así como de compositores actuales como Luis de Pablo, Joan Albert Amargós, Josep Soler y Astor Piazzolla.

En 1992 se encargó de la dirección musical de las ceremonias de los Juegos Olímpicos de Barcelona. En 1994, Josep Pons fue nombrado director de la Orquesta Ciudad de Granada, cargo que ostentó hasta 2004. Entre 2003 y 2012 asumió la dirección de la Orquesta Nacional de España. Desde septiembre de 2012 es Director Musical del Gran Teatro del Liceo. Ha recibido, entre otros, el Premio Ciudad de Barcelona (1992) del Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona y el Premio Nacional de Música (1999) concedido por el Ministerio de Cultura.

Considerado como uno de los directores más relevantes de su generación, Josep Pons mantiene una continuada relación con orquestas como Gewandhauss de Leipzig, Staastkapelle de Dresden, Orchestre de Paris, City of Birmingham Symphony Orchestra, WDR Köln, Royal Stockholm Philharmonic, The Deutsche Kammerphilharmonie Bremen o BBC Symphony Orchestra, con quien ha hecho diversas apariciones en los BBC Proms de Londres.

Ha grabado más de cincuenta títulos para Harmonia Mundi France y para Deutsche Grammophon, habiendo obtenido los máximos galardones como Grammy, Cannes Classical Awards, Grand Prix de l’Academie Charles Cross, Diapasson d’Or, Choc de la Musique o Timbre de Platin. La últimas publicaciones han sido un DVD de la 8ª sinfonía de Mahler con la OCNE para DG y un CD con obras de Mahler y Berio con Matthias Goerne y la BBC Symphony Orchestra para HM France.


jueves, 16 de mayo de 2019

Open Book

Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interprete: 
Fred Hersch, piano

Información adicional:



En la Tierra Media del jazz hay creadores silenciosos con otro latido en el corazón. Son artistas con sensibilidad propia, ajena a todo el ruido que los rodea. Es por ello que sus recorridos se escapan de los itinerarios abituales, es más, en su inspiración no hay hojas de ruta, sino viajes ideados sólo con el bombeo de su sangre. En este tipo de músicos, uno detecta las mejores esencias del jazz, que, más allá del lenguaje, tienen que ver con una actitud. En su caso, poco importa la piel de la expresión, pues viven y crean para adentro. Hace un tiempo, Fred Hersch (Cincinnati, Ohio, 1955) visitó este mismo escenario en alineación de trío, y ahora regresa en solitario, para encumbrar todas sus bondades jazzísticas y por si a alguien le había quedado alguna duda. Es el piano solo una de las escenografías más sinceras que ofrece la música hoy en día, ya que todas las carencias y todos los talentos salen a la luz; ciñéndonos a la figura del que fuera maestro de hoy maestros como el mismísimo Brad Mehldau, queda claro: en el pianismo de Hersch no hay atajos. Su fraseo sorprende tanto por el rigor técnico y académico como por la vitalidad expresiva, manejando vocabularios no sólo del jazz o la música clásica, sino del cancionero americano y otras músicas de la cultura popular. Asombra, del mismo modo, la coherencia estética que defiende en cada una de las aventuras creativas que emprende, gracias, en buena parte, a un sentido lírico de la armonía. Paralelamente, su extraordinario dominio de la música y del piano, junto con la espontaneidad y frescura de sus ideas, le permiten afrontar con igual intensidad artística y creativa toda suerte de formatos, desde el piano solo al octeto, así como salir airoso tanto cuando pone música a los versos de Walt Whitman (Leaves of Grass, Palmetto, 2005); toca a Jobim (Fred Hersch Plays Jobim, Sunnyside, 2009) o Monk (Thelonious, Nonesuch, 1997); o compone para tríos de piano, violín o violonchelo. Todos estos valores fueron reconocidos por la Jazz Journalist Association (JJA), quien lo eligió como mejor pianista de jazz de 2011.

Este pianista filósofo y matemático regresa con su disco Open Book (Palmetto, 2017), evidentemente, publicado en solitario. El registro incluye, en su mayoría, temas propios, aunque también se asoma a clásicos como Whisper Not, del gran Benny Golson, o protagoniza incursiones lúdicas como And So It Goes, de Billy Joel, o el Zingaro, de Jobim. Hay otro gran momento jazzístico en este trabajo, cuando alcanza la melodía de Eronel, de Monk, que rubrica como una de las mejores recreaciones de la historia del tema. En realidad, poco importan las partituras manejadas, dado que toda la música habita en el teclado de Hersch de una manera inédita, por estar conectada con su mencionado mágico mundo interior. Precisamente, esta abrumadora personalidad creativa e interpretativa hace que las etiquetas sean imposibles, pues no se puede explicar con justicia lo que todavía no ha sucedido. Es la grandeza de Hersch; la grandeza del jazz.


Pablo Sanz

viernes, 12 de abril de 2019

VALENCIA JAZZ TOP 7


Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interpretes: 
Perico Sambeat, saxo
Javier Vercher, saxos
David Pastor, trompeta
Toni Belenguer, trombón
Albert Sanz, piano
Ales Cesarini, contrabajo
Miquel Asensio, bateria

Información adicional:

Siete magníficos… valencianos

Valencia es una ciudad hecha de música, eso se sabe. Lo que quizás no se conoce tanto es que es una de las tierras más fértiles de nuestro jazz, un semillero constante de talentos prendido al lenguaje jazzístico. En la capital de aquel Levante mediterráneo, luce desde hace tiempo como un faro para las nuevas generaciones el alto saxofonista Perico Sambeat, sin duda, uno de los grandes pilares de la historia adulta del jazz español. Algunos de sus proyectos se han convertido en auténticos monumentos jazzísticos de nuestra escena, caso de su reciente Perico Sambeat Plays Zappa (Karonte, 2016), una ambiciosa obra pensada y ejecutada en grande. A este ciclo Sambeat acude al frente de una formación que se ha venido a denominar Valencia Jazz Top 7 y, efectivamente, el grupo también podría haberse llamado los siete magníficos… valencianos. Varios integrantes de este septeto participaron de aquella aventura que agradecía y renovaba el repertorio del autor de Voodoo Child, como son el asimismo saxofonista Javier Vercher, el trombonista Toni Belenguer y el baterista Miquel Asensio «Rochet»; a este último, lo asisten todos los ritmos, Belenguer es, probablemente, la mayor autoridad en la suerte de varas y Vercher… un intérprete que se desdobla en creador forjado en el asfalto neoyorquino, y que ha regresado a nuestro país para contarnos lo que se agita en las calles de la gran urbe del jazz. A ellos se une un pianista que está madurando a marchas forzadas tras ser «joven» prodigio: el pianista Albert Sanz, que atraviesa un momento jazzístico realmente dulce. A su lado, apuntalando la sección rítmica, el contrabajista romano Ales Cesarini, afincado en Valencia desde hace años, y, por delante, el trompetista David Pastor, un soplador capaz de remover los aires del bebop como las brisas del nu jazz. En definitiva, siete jazzistas de diez, una formación que podría ampliarse a veinte o treinta, porque la cantera valenciana lo da, y por algo el Berklee College of Music de Boston decidió abrir allí una de sus franquicias.

Los créditos de esta elevada reunión ofrecen todas las garantías de buen jazz, el de allí, al otro lado del charco, y el de aquí, con sensibilidades muy permisivas a la inspiración latina y mediterránea. Además, y aunque no aparezca como tal, la mencionada presencia de Perico Sambeat en este grupo salvaje sirve de red para la realización de toda suerte de vaticinios y augurios, pues siempre se llegará a la misma conclusión; música perfectamente arreglada, audacia expresiva, profundidad conceptual, equilibrio de talentos y fuerzas, solvencia de voces corales e individuales… El alto saxofonista en este tipo de alineaciones se descubre como el músico total que es, más allá del corazón jazzístico que bombea cada uno de sus pasos, ya sea cruzando su ideario con el flamenco o con la música gnawa de las cofradías subsaharianas establecidas en el Magreb.

En suma, un concierto con todos los ingredientes para asistir a una gran velada de jazz.


Pablo Sanz

sábado, 9 de marzo de 2019

Children of the Light


Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interpretes: 
Danilo Pérez, piano
John Patitucci, contrabajo
Terri Lyne Carrington batería

Información adicional:


Es la de trío una de las alineaciones favoritas de los maestros del jazz, pues te permite una rica expresividad sin que haya resquicio para la trampa o el artificio. La terna de jazzistas que aquí se presenta es la misma que figura en los créditos del proyecto discográfico Children of the Light, publicado hace tres años por el prestigioso sello Mack Avenue. Al frente, el pianista panameño Danilo Pérez y al lado, el contrabajista John Patitucci y la baterista y cantante Terri Lyne Carrington, que sustituye en este directo al igualmente gozoso Brian Blade. Llegada la mención de este último, muchos habrán adivinado que hablamos de la sección rítmica que alimenta el cuarteto que lidera Wayne Shorter, reciente ganador de un Grammy al mejor álbum de jazz instrumental; y ya está todo casi dicho, ya que el conjunto del saxofonista que amara Miles Davis no vende barata su compañía, pues es, sin duda, el mejor cuarteto del jazz actual y uno de los mejores de todos los tiempos. La alusión no es gratuita, porque la manera de acercarse a la música de este trío se maneja por los mismos patrones que aquél: lanzar una idea y recogerla y llevarla donde la inspiración del momento te alcance. A decir verdad, es una metodología de trabajo que Shorter aprendió de Miles Davis: proponer un punto de partida, pero nunca un destino, dejando el sortilegio creativo en manos de la capacidad improvisadora del músico. Por eso son tan importantes las compañías en las obras mayores, donde lo individual pesa tanto como lo colectivo, hasta acabar siendo un todo.

Hay mucha sombra alargada de Shorter en esta reunión, que da cuenta de un jazz contemporáneo con muchas ventanas abiertas. Su sonido es completo, audaz, reflexivo, tremendamente vital y enérgico, con un Danilo Pérez abriendo paso a través de un pianismo musculoso que despliega a dos manos. Patitucci, que se hiciera un nombre en propuestas de fusión «popera» como las que lideraba Chick Corea en su Elektric Band, se nos ha hecho un jazzista fundamental, en buena medida gracias a las enseñanzas del bueno de Shorter. Por último, la cuadratura de este triángulo la cierra una poderosa baterista que, sin formar parte habitual de proyectos del autor de Footprints, también ha tocado con él, que siempre algo queda. Terri Lyne Carrington tuvo como principal mentor a toda una institución de los parches y las baquetas, Jack DeJohnette, escribiendo sus propias páginas en varios discos premiados con Grammy.

En el registro fonográfico se incluyen sólo piezas originales, que serán agitadas de nuevo sobre este escenario, con la inclusión quizás del Dolores de Shorter, un tema con el que explícitamente muestran agradecimiento y admiración al maestro. No obstante, poco importan los títulos de los apeaderos de este viaje, porque la verdad reside en el camino. Otra enseñanza del bueno de Miles. Queda claro: estamos ante un trío con sombra alargada, pero con luz propia.

Pablo Sanz

sábado, 16 de febrero de 2019

Moisés P. Sánchez Project

Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interpretes: 
Moisés P. Sánchez, piano
Cristina Mora, voz y teclado
Miron Rafajlovic, trompeta, percusión y guitarra
Toño Miguel, contrabajo
Borja Barrueta, batería y lap-steel

Información adicional:

Palabra y locura de Moisés
Sin saberlo ni casi pretenderlo, Moisés P. Sánchez se ha convertido en reflejo sublimado de lo que nuestro jazz puede ofrecer: el eco de un pensamiento musical con ideas propias y que va, desde luego, mucho más allá del manido jazz-flamenco. A este joven pianista madrileño no lo asaltan las prisas y su caminar se sucede paso a paso, sin más pretensiones que las de buscarse a sí mismo, descubrir su propio sitio en el mundo. Y ahí anda, preguntándose por dentro, haciéndose mayor, trabajando sobre todas las inquietudes musicales que lo mueven. Ahora se planta en este auditorio con toda su autoridad jazzística, cocinada —se insiste— a fuego lento, un borboteo de ideas que hierven en todas las músicas que le golpean, desde las que le llegan desde la cultura barroca a las más cercanas de la cultura latina. El talento no le viene ni por su impecable expresión ni siquiera por este concepto transversal y panorámico de la música, sino por la naturalidad y personalidad con la que hace todo. De este chico, si hubiera nacido en Nueva York, ya se estaría hablando de él como «un nuevo Brad Mehldau», pero ni lo necesita ni lo desea: como buen jazzista él quiere ser él mismo.

El pianista acude a este ciclo de jazz como uno de los líderes más reconocibles e incontestados de nuestra escena, y como uno de los creadores más excitantes del momento. A su cuarteto habitual suma en su visita al siempre estimulante trompetista Miron Rafajlovic´, que amplía la alineación a un quinteto que luego completan músicos cómplices como la cantante Cristina Mora, el contrabajista Toño Miguel y el baterista Borja Barrueta. Con ellos Moisés nos adelantará los temas de su nuevo disco, There’s always madness (Siempre nos quedará la locura), que publicará después del verano, y que vuelve a ser compendio de todos los pianos y todas las músicas que habitan en su teclado, y que tan pronto evocan esencias de Monk como de Glenn Gould. También realizará algún guiño a alguna de sus composiciones pretéritas más elogiadas de su ya fecundo y necesario catálogo, pero la ocasión se viste de gala ante el preestreno de sus nuevas composiciones.

Los conciertos de Moisés se cuentan como acontecimientos y, en la retina del pianista, hoy se recuerdan con emoción viva algunos de sus proyectos más ambiciosos y, a la postre, más exitosos, como sus recreaciones en torno a La consagración de la primavera, de Stravinski, y Bernstein is ‘on town again’, con motivo de la conmemoración el año pasado del centenario del nacimiento del genial compositor y director de orquesta norteamericano; ambas son obras mayores, con una profundidad musical sin precedentes en el recuerdo de tan magnos legados compositivos.

Llega, pues, Moisés, para abrirle las aguas a todos los mares del jazz, con la honestidad, generosidad y humildad de siempre; con la certeza inquebrantable de que al final de la noche nos quedará una emoción única y ya eterna.

Pablo Sanz