sábado, 13 de agosto de 2016

The Tempest


Género: Teatro
Local: Real Coliseo de Carlos IIIAutor: William ShakespeareDirector: Serge Ayala
Interpretes:  Ensemble Le Tendre Amour

Eliot Giuralarocca y Sasha Behar, interpretación.
Katy Elkin, chirimías, flautas y percusión.
Juan Ullibarri, cornetto, gaitas, duduk, sacabuche y tabor.
Nicolas Muzy, tiorba y guitarra renacentista.
Idoia Bengoa, flautas y bajón.
Esteban Mazer, clave.

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Próspero, poderoso mago y legítimo duque de Milán, es expulsado del ducado por su hermano Antonio y se refugia con su hija Miranda en una isla desierta con sus dos siervos: el espíritu Ariel y el deforme Calibán. Cuando, gracias a sus artes, Próspero advierte que sus enemigos están embarcados en las proximidades de la isla, provoca una terrible tempestad que hace naufragar el navío, pero salvándose todos los tripulantes que acaban desperdigados por la isla.

El director y especialista francés en commedia dell’arte Serge Ayala, los actores británicos Eliot Giuralarocca y Rachel Winters y cinco músicos de los ensembles de música antigua Le Tendre Amour y Quatricina recrean La tempestad, de Shakespeare: una singular puesta en escena en la que se funden diferentes disciplinas artísticas. Magia, mito y música en un espectáculo, al más puro estilo del siglo XVII, en el que el elocuente verso de Shakespeare se une a sus inolvidables melodías.












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viernes, 27 de mayo de 2016

Fred Hersch Trio

Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interpretes:  
Fred Hersch, piano
John Hebert, contrabajo 
Eric McPherson, batería

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El pianista silencioso

En el mundo de la cultura hay creadores con otro brillo en la mirada, otro latido en el corazón. Son artistas que caminan con otros andares, ensimismados en su propia emoción. El pianista Fred Hersch es uno de ellos, un maestro de maestros del que se oye poco, pero al que todos los que saben escuchan. En estos años su pianismo ha servido de ejemplo e inspiración para las últimas generaciones de instrumentistas, pues bajo su sombra nace la luz de una música encendida y original. Y para muestra un botón: una de las grandes glorias pianísticas del jazz actual, Brad Mehldau, no dudó en buscar cobijo bajo el teclado de Hersch, pues allí habita toda la verdad de la música libre, siempre ajena a lo banal. Estamos, pues, ante una de esas noches llamadas a ser grandes en la memoria jazzística de este auditorio, gracias a la comparecencia de este pianista silencioso que acude en alineación de trío, para hacer más accesible su verdad. El extraordinario dominio de la música y del piano, así como de la espontaneidad y frescura de sus ideas, permiten a Hersch afrontar con igual intensidad artística y creativa toda suerte de formatos, desde el piano solo al octeto, así como salir airoso tanto cuando pone música a los versos de Walt Whitman, toca a Jobim, reinventa a Monk o compone para tríos de piano, violín o violonchelo. Todos estos valores fueron reconocidos por la International Jazz Journalist Association (IJJA), que lo eligiera como mejor pianista de jazz de 2011.

Fred Hersch se inició en el piano a la temprana edad de cuatro años, cursando posteriormente estudios en el New England Conservatory de Boston. Tras instalarse en Nueva York a finales de los años setenta, el pianista fue solicitado por jazzistas de la talla de Joe Henderson, Art Farmer o Stan Getz, quienes le ayudaron a crecer como intérprete y compositor conceptual. Hoy encuentra entre sus mejores aliados a músicos con semejante reputación, caso del guitarrista Bill Frisell, el armonicista Toots Thielemans o el contrabajista Charlie Haden. Hoy Hersch está considerado como uno de los pianistas más imaginativos y prolíficos, habiendo grabado más de dos docenas de álbumes como solista o líder, y más de un centenar de registros como colaborador o acompañante.

En la actualidad Fred Hersch desarrolla una intensa labor académica, siendo profesor de la Western Michigan University y de la Jazz Studies Faculty del New England Conservatory, e impartiendo numerosas clases magistrales en distintos conservatorios y festivales. La otra actividad que ocupa gran parte de su tiempo desde 1993 es su trabajo en agencias de divulgación y fundaciones que trabajan en la lucha contra el SIDA. En este sentido, ha colaborado en cuatro grabaciones y en numerosos conciertos con fines benéficos, así como ha recibido hasta en cuatro ocasiones el Gay and Lesbian American Music Award (GLAMA). Fred Hersch sigue alumbrando nuevas sonoridades al lenguaje pianístico del jazz, así como está puliendo la verdad instrumental de algunos de sus más claros representantes. Por eso su presencia en este ciclo se antoja obligada, máxime si se atiende a los márgenes de esa programación que mira sin complejos a los ojos de la música libre, imaginativa, inédita.

viernes, 22 de abril de 2016

Chris Potter Quartet


Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interpretes:  

Chris Potter, saxos 
David Virelles, piano
Joe Martin, contrabajo
Marcus Gilmore, batería

Información adicional:


Chris Potter (Chicago, 1971) es uno de los saxofonistas tenores más y mejor inspirados del momento, aunque él se empeñe en seguir transitando las carreteras secundarias del jazz. Tal consideración viene avalada por su compromiso gregario junto a patrones de alto mando, caso de John Scofield, Dave Holland, Paul Motian o Pat Metheny, a cuya llamada no ha dudado nunca en atender. Su soplo incendiario, no obstante, tiene nombre propio y sin ningún de género de dudas nos emplaza ante uno de los instrumentistas más preparados y emocionantes de la actualidad.
Gran salvaguarda saxofonístico de la mejor tradición tenora, Potter es un tipo que se nos ha hecho mayor sin darnos cuenta, pasando de las carreteras secundarias del jazz por donde un día transitó a ocupar la medianera de la autopista. Su soplo es puro fuego con brasas de bebop, que él alimenta con fraseos improvisados conectados a una inventiva y una energía realmente reservada para talentos mayores. Y es que en su aliento habitan todas las escuelas saxofonísticas, desde las de Charlie Parker a las de Coltrane. El chico arrebata por la voluminosidad y definición de su sonido, sí, pero donde verdaderamente sobrepasa la gloria es en la agilidad de ideas que despliega durante sus recitales, ya sea subrayando el fraseo de sus compañeros como asumiendo el liderazgo de la voz en primera persona.
Chris Potter se presenta en este auditorio en una de sus alineaciones favoritas, el cuarteto, contando con el respaldo de sólidos puntales del jazz moderno como David Virelles al piano, Joe Martin al contrabajo y Marcus Gilmore en la batería. Todos ellos son fieles seguidores de la religión jazzística que Potter practica en este formato, que por otra parte tiene una versión electroacústica en su grupo Underground, al que a veces incluso suma una breve sección de cuerdas clásicas. En este sentido, recientemente acaba de poner en el mercado un disco necesario, Imaginary Cities, segunda entrega para el prestigioso sello alemán de Manfred Eicher ECM, donde ya tiene en catálogo otro emocionante disco, The Sirens, inspirado en un poema de La Odisea de Homero. Esto es, el chico es mucho más que un gran saxofonista de jazz, es un músico lleno de curiosidades e inquietudes culturales.
Este confeso heredero del soplo jazzístico de Sonny Rollins, mantiene un discurso vigoroso en conceptos y estéticas, que luego se liberan a través de una sonoridad mágica y envolvente, que desgarra en el vuelo libre y enamora en los tiempos lentos. Chris Potter es un jazzista humilde y noble, mostrando una generosidad y entrega infinitas tanto si acompaña a capitanes como Holland o Metheny –sus “mentores” más recientes– como si ejerce de líder, como en esta ocasión, en la que genera decenas de puentes musicales con sus acompañantes. No extrañará, por tanto, la libertad pianística que emplee David Virelles frente al teclado, como tampoco sorprenderán algunas de las incursiones rítmicas de Joe Martin o Marcus Gilmore, tanto que por momentos será muy complicado definir quién es el que tiene mando en esta plaza.

Estamos, pues, ante un intérprete mayúsculo que define el jazz de hoy y sueña con el jazz de mañana, porque la curiosidad y la duda es lo que le mueve.

viernes, 18 de marzo de 2016

TOMASZ STAN´KO NEW YORK QUARTET


Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interpretes:  

Tomasz Stan´ko, trompeta
David Virelles, piano
Reuben Rogers, contrabajo
Gerald Cleaver, percusión

Información adicional:



Su nombre se ha hecho merecido hueco entre la realeza jazzística europea, a la que llega aupado desde una atalaya discográfica con prestigio propio, ECM Records. Se llama Tomasz Stan´ko y vive a caballo entre Varsovia y Nueva York, dos ciudades donde acostumbra a rodearse de músicos inconformistas y aventureros. Actualmente es probablemente el mayor embajador del jazz polaco, aunque, según lo dicho, su música no tenga pasaporte. Es memoria viva de la tradición jazzística en el Viejo Continente, que él ha sabido madurar y orillar en este tiempo hacia los confines más libres y abiertos del género, allí donde efectivamente no hay fronteras.
Tomasz Stan´ko (1942) se hizo jazzista en los años sesenta como miembro del cuarteto Jazz Darings, y del Kwintet del legendario Krzysztof Komeda. Fueron años en los que la fascinación se convirtió en arte y oficio, al tiempo que daba rienda a sus primeros proyectos con sus primeras formaciones, caso de Kwintet, junto al saxofonista y violinista Zbigniew Seifert y el saxofonista Janusz Muniak. Su inmersión en el free jazz y la libre improvisación le introdujo en una liga de creadores de primera división, colaborando con artistas de la talla de Cecil Taylor, Jack DeJohnette, Chico Freeman, Rufus Reid o James Spaulding, entre otros, y laboratorios elevados como la The Globe Unity Orchestra de Alex von Schlippenbach.
La relación del trompetista con la música escrita se apoya en composiciones de estructuras abiertas, así como en sonoridades atmosféricas y algo abstractas. Luego su soplo siempre se ha caracterizado por una lírica propia, que unas veces susurra y otras grita, pero siempre emociona. Es más, cuando en 2002 le concedieron el European Jazz Prize, el jurado destacó la personalidad de su sonido, medido y único, emocionante y sin margen de error. 
Al Auditorio Nacional de Música acude con su New York Quartet, que incluye al jovencísimo pianista cubano David Virelles y al baterista norteamericano Gerald Cleaver. Mención especial merece la convocatoria en esta reunión del contrabajista, también estadounidense, Reuben Rogers, un maestro de las cuatro cuerdas que ha militado en proyectos de otros ilustres jazzistas, desde Wynton Marsalis y Joshua Redman a Nicholas Payton, Mulgrew Miller, Jackie McLean, Charles Lloyd o Dianne Reeves. Una formación de ley y cómplice, por otra parte, por cuanto ya lleva a sus espaldas varios años de rodaje.
La inclusión del treintañero Virelles nos apunta otra sensibilidad de Stan´ko, cual es la de apoyar a las nuevas generaciones. El trompetista lo viene haciendo desde hace bastantes años, al modo o en paralelo a lo que por su parte hace el italiano Enrico Rava, y de su regazo hoy nos llegan nuevos talentos de la escena polaca como el pianista Marcin Wasilewski. Sea como fuere, los conciertos de Tomasz Stan´ko siempre son distintos, diferentes a lo ya conocido. A su propuesta poética se le suman interpretaciones originales y académicas, quedando en el aire la suave brisa que deja el aire del talento; porque –que nadie se lleve a engaños– aunque este ciudadano ilustre del jazz no ha transitado por las grandes avenidas del género, es un jazzista de fina ley.

viernes, 19 de febrero de 2016

Vida de Galileo


Género: Teatro
Local: Teatro Valle Inclán. 
Autor: 
Bertolt Brecht
Versión: Ernesto Caballero 
Director: 
Ernesto Caballero 
Interpretes: 
Chema Adeva, Marta Betriu, Paco Déniz, Ramon Fontserè, Alberto Frías, Pedro G. de las Heras, Ione Irazabal, Borja Luna, Roberto Mori, Tamar Novas, Paco Ochoa, Macarena Sanz, Alfonso Torregrosa, Pepa Zaragoza

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Nadie puede ver mucho tiempo cómo dejo caer una piedra y digo que no cae, declara un optimista Galileo aunque, más adelante, constate una resistencia generalizada a admitir evidencias empíricas. Mide mal el poder de las creencias o, si se prefiere, de las conveniencias. Y es que, como dijo Einstein (sobre cuya figura Brecht también proyectó escribir una pieza), resulta más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

En su primera versión, Brecht presenta a su protagonista como un perspicaz estratega que logra escribir y difundir los Discorsi, aunque para ello deba abjurar públicamente de sus investigaciones. La conocida frase pobre del país que necesita héroes enuncia ese posibilismo. Sin embargo, años más tarde, el autor corrige la última escena y es el propio Galileo quien declara abiertamente la gran infamia que ha supuesto su retractación: una imperdonable traición a la Humanidad. Entre una y otra versión la bomba atómica ha destruido dos ciudades japonesas. Brecht entiende ahora que la pureza de la investigación científica, su desaprensiva especialización de funestas consecuencias, parte precisamente de ese pecado original de las ciencias modernas.

El tema, pues, de la obra es el de la responsabilidad social de la Ciencia. Galileo, en principio, no concibe sus experimentos desvinculados de la idea de progreso social; sin embargo, el veto de las autoridades eclesiásticas le aboca a canalizar su creatividad a través de cauces más selectos y restringidos. Se convierte en un especialista.

También Brecht –el Galileo del teatro contemporáneo- pensó el arte como una herramienta para transformar el mundo; formuló innovadores planteamientos que desencadenaron cambios decisivos en nuestro modo de entender el hecho teatral. Tampoco pudo evitar el exilio ni la prohibición de sus obras. Y tal como el científico paduano pasó sus últimos días retirado en una casa de campo florentina bajo la complaciente tutela de la Inquisición, así podemos imaginar al dramaturgo alemán tras la Guerra, custodiado en su teatro de Berlín oriental por devotos feligreses de la Komintern, tratando de explicarse las limitaciones del nuevo sistema emancipador de la RDA.

En cualquier caso, lo que importa es que la obra de ambos ha prevalecido para dar un poco de claridad en nuestra noche, tan inexplicable aún.

Ernesto Caballero












sábado, 6 de febrero de 2016

Piano en blanco y negro tostado


Género: Jazz
Local: Auditorio Nacional

Interprete:  
Chucho Valdés

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Su apellido suena a piano, a bolero y a jazz, o lo que es lo mismo, simplemente a buena música. Fallecido Bebo, su padre, Chucho Valdés hoy se asoma al mundo como uno de los instrumentistas más regios de la última escena cubana, aquella que ha crecido en la tradición de la música popular caribeña y se ha hecho mayor al contacto con otras expresiones como el jazz. Hay quien opina que a Chucho el talento le viene por una cuestión de sangre, pero nada más lejos de la realidad. Sí, efectivamente, el amor por la música es una herencia familiar, pues no podía ser de otra manera, considerando el padre que tuvo, el pianista que más sabroso y despacito ha tocado jamás en Cuba y, si se nos apura, en el resto del mundo. Asunto bien distinto es el talento que mueve sus dedos, el pálpito creativo que fluye por sus venas y el pensamiento musical que bulle en su cabeza. Son dos metros de cubanía universal, recogidos en uno de sus más recientes álbumes, Border Free, que en su día él mismo presentara como compendio de las músicas que más le han influido y mejor le definen. El registro, grabado en su propio sello Comanche, contó con el respaldo rítmico de sus Afrocuban Jazz Messengers, una formación con la que en este tiempo ha recorrido medio planeta.
Figura central de la música cubana contemporánea, Chucho Valdés es un pianista exquisito con abundancia de ideas. Ya en los años 70 fundaba y tocaba en la banda Irakere y, a estas alturas, muchos de sus trabajos posteriores son parte de la historia y la discografía del jazz de cualquier tiempo y lugar. A piano solo, o acompañado por cualquiera de sus grupos, el músico elabora un discurso que mezcla modelos de jazz que crecen en el Malecón y también en Nueva York, con piezas arrebatadas a los más prestigiosos catálogos de la música clásica. Aquí comparece en el formato íntimo, valiente y sincero del piano solo, donde la posibilidad de la trampa o el atajo es inviable.
A Chucho, como a otras glorias del jazz latino, se le recuperó al mundo gracias al documental de ese Jerry Masucci español que es Fernando Trueba, Calle 54, donde tras largas décadas de menosprecio se situó al género en el corazón de la música popular universal. El eco de aquel sublime trabajo del cineasta madrileño apenas retrató las excelencias musicales de distintas generaciones de intérpretes cubanos y latinos, cuyas propuestas hablaban por sí solas de una altura artística y creativa que hasta entonces se había minimizado, cuando no malinterpretado, por culpa de ese otro fenómeno de masas que es la música de salsa. Así, la historia de Chucho Valdés y de otros tantos compañeros de viaje no es que se hiciera grande a partir de entonces, sino que simplemente, lo cual no es poco, se hizo visible.
Hoy nadie duda del valor pianístico y musical del hijo de Bebo Valdés, reconocido como está con distintos premios y galardones, y siendo como es una de las figuras recurrentes en las programaciones de los festivales más relevantes. Pero el camino no ha sido fácil. Irakere, su alter ego orquestal, sigue siendo un faro luminoso para las nuevas generaciones de músicos, y su pianismo un caudal de armonías y ritmos entregados a una de las emociones musicales más eruditas y gratificantes, aquella que nace en los campos de tabaco cubanos y se convierte en cultura mayor en las calles de esa gran ciudad que es el jazz.

martes, 19 de enero de 2016

Músicas serenas

Género: Concierto
Local: Auditorio Nacional
Interpretes:  
Württembergisches Kammerorchester Heilbronn
Director: Rubén Gazarian
Solista (piano): Alexander Schimpf

Programa

W. A. Mozart (1756-1796)
Divertimento en Fa mayor KV 138
Concierto nº 12 para piano en La mayor KV 414

Hugo Wolf (1860-1903)
Serenata italiana

Antonin Dvořák (1841-1904)
Serenata en Mi mayor, Op. 22

Información adicional


Desde su comienzo, la Württembergisches Kammerorchester Heilbronn se ha convertido en una de las más solicitadas orquestas de cámara de Europa. La orquesta fue fundada en 1960 por Jörg Faerber y desde entonces ha actuado con multitud de artistas tales como Martha Argerich, Alfred Brendel, Rudolf Buchbinder, Maurice André, James Galway, Hilary Hahn, Gidon Kremer, Sabine Meyer, Anne-Sophie Mutter, Thomas Quasthoff y Tabea Zimmermann. La WKO ha grabado más de 500 piezas clásicas para los sellos Deutsche Grammophon (DGG) y Teldec. Ha participado en grandes festivales como el Festival de Salzburgo, el Vienna Music Summer, el Festival de Lucerna, el Schleswig-Holstein Musik Festival, el Festival Schwetzingen y el Ludwigsburger Schlossfestspiele. La incorporación de Rubén Gazarian en 2002, como director principal y artístico, ha logrado enriquecer su repertorio a través de la expansión de su formación sinfónica así como a través de la selección de muchas obras de la época romántica, temprano moderna y vanguardista.